Hvidovre Hospital

Este fin de semana hemos tenido nuestra primera experiencia con el sistema sanitario danés. Lo primero de todo, estamos los tres bien.

Todo empezó la noche del sábado. A1 quiso levantarse varias veces y tosía como si, de repente, tuviese 95 años. Fue una de esas noches donde el sueño es una sucesión de despertares rodeados de pequeños e irrelevantes descansos. Minúsculos momentos de sueño. Una de esas noches que hacen que mires hacia atrás admirando a tus padres mucho más de lo que hacías hasta la fecha. Agradeciendo tardíamente lo que han hecho por ti, sabiendo ahora lo cansados que pudieron llegar a estar cuando tu eras un pequeño D1.

A pesar de ello, el domingo por la mañana teníamos planeado ir a un historiefortælling (cuentacuentos) titulado “et hav af historier” (un mar de historias). Y fuimos. A pesar de la noche A1 parecía aguantar. Nos pusimos en círculo junto al resto de niños y empezamos a intentar navegar en ese mar de palabras danesas que decían ser un cuento.

Al rato A1 dijo basta. Empezó a respirar muy rápido, a llorar y la escena pedía a gritos un médico. Sin prisa pero sin pausa.

En Dinamarca no se puede ir al médico así como así. Siempre hay que pedir hora. Para ir a urgencias tienes dos opciones. Si se trata de algo que podría truer dit liv (poner en peligro tu vida) pues el 112 es tu número. Para todos los demás casos lo suyo es llamar al 1813. Toda una experiencia.

Ya había leído en el Copenhagen post que el dichoso teléfono estaba siendo muy polémico (se implantó en enero de este año). El caso es que cuando llamé , una voz robótica muy amable me dijo que estaba el número 22 en la cola de llamadas y que mi tiempo de espera se estimaba en 7 minutos. Pasados esos 7 minutos me atendió una persona. Pude palpar su decepción cuando le informé de mi incapacidad de hablar danés.

Empezó un duro interrogatorio encaminado a desmitificar la enfermedad de A1, invitarme a esperar a un día entre semana para ir al centro de salud e informándome de las larguísimas esperas a las que nos expondríamos si finalmente optábamos por ir al Hospital. 38 grados de fiebre le parecieron un mecanismo normal de la naturaleza de un niño, respirar con dificultad un problema frecuente en el inicio de la primavera y llorar incesantemente una mera característica de cualquier individuo no adulto.

Finalmente convencí a la señora de que deseábamos disfrutar de un día de hospital y me dijo que en ese caso tenía que ir al Hospital de “#@#@@&%$”. Ante los sonidos guturales e indescifrables pedí una repetición del nombre del hospital hasta por tres veces. La cuarta petición fue que me lo deletrease. El resultado no fue alentador, había tanto ruido que solo sabía que el nombre empezaba por “HV”.

No os podéis imaginar lo desvalido que te hace sentir no ser capaz ni de entender un nombre. Es como un preludio de la sucesión de incomprensiones a la que te vas a exponer. Sobretodo cuando urgencias se dice Akutmodtagelsen.

Tras mirar en Internet parecía que solo un hospital empezaba por HV. Era el Hospital de Hvidovre. Hasta ese momento ese nombre era para mi “jidovre” y que parece ser algo así como “vidoua” pero se le acerca poco, seamos francos. Es algo sencillamente irrepetible.

Así que cogimos el autobús y nos fuimos de excursión a tan inhóspito lugar.

La primera impresión es bastante buena. Las instalaciones estaban impecables, hay agua, zumo y galletas gratuitos y el personal de la entrada es muy majete. Todo eso es un trabajado plan para que te confíes, aprecies el sitio, y luego la interminable espera duela más.

Primera curiosidad. El personal del hospital se desplaza por los pasillos en patinete. Tienen varios modelos, eléctricos y sin motor, pero ahí ves a todos incorporando su amor por las bicicletas a su puesto de trabajo. Aquí una foto incluyendo una pequeña aprendiz de enfermera improvisada.

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Como os cuento, este medio de transporte es tan frecuente como variado.

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Como sé que entre mi enorme lista de lectores hay profesionales de la medicina, he de decir que una de las cosas que me sorprendió es la ausencia de mecanismo alguno de criba de los pacientes, distinguiendo a los más graves de los menos graves. Según tengo entendido, en España esa priorización de pacientes (que creo que lo llaman triaje) es esencial en unas urgencias. Pues bien, aquí el orden de llegada es el criterio único.

No me preguntaron nada más que el sacrosanto número CPR. Ni porqué venía ni que le pasaba al niño.

Tras esperar una hora y media nos atendió una médica muy simpática que decidió que A1 merecía disfrutar algo más del hospital. Nos mandaron a la planta de pediatría. Allí la sala de espera era sencillamente el sueño de todo paciente microscópico.

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Una combinación de diseño danés y caos infantil, con pequeños monstruos en todas las esquinas.

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El hospital era tan familiar que hasta había una pizarra indicando el escasísimo pero super atento personal que cubría el servicio.

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La pediatra era una mujer de mediana edad con un calculado pelo canoso. Combinó explicaciones en un fluido inglés británico para los adultos padres con un animado e infantil discurso en danés para A1. Lo increíble es que él atendía sus explicaciones con interés y acertaba a seguir sus órdenes. Se subió la camiseta cuando se lo pidieron, enseñó la oreja en el momento oportuno y abrió la boca cuando así se lo indicaron. Sus padres atónitos. Su secreto conocimiento de esta lengua germánica ha quedado al descubierto. 5 semanas de escuela y ya entiende… claramente somos mejores de pequeños.

A1 tenía un poco de bronquitis así que se ganó un tratamiento agudo de salbutamol. Para dárselo pasamos a una sala de juegos que francamente ya me pareció imposible mejorar. A1 ha pasado uno de sus mejores días de las últimas semanas en este sito.

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Y es literal lo de uno de sus mejores días, porque pasamos todo el día. Desde las 14:00 hasta las 23:00. La falta de empleados respecto a la carga de trabajo hizo que pasáramos 5 horas abandonados en ese parque de juegos.

Esto me permitió hacerme bastante amigo de otros papas, uno de ellos un señor muy interesante que había adoptado a dos gemelos tailandeses que esa misma mañana se habían tragado unas pastillas que encontraron en la calle y estaban tan felices poniéndose hasta arriba de carbón activo y pan con nocilla (nutella en estas latitudes). Esto lamentablemente da para otra entrada, no nos distraigamos.

Otras dos cosas me sorprendieron; la alimentación del hospital y la diferente valoración de la enfermedad.

Respecto a la comida, la bandeja para niños sin dieta especial consistía en un decálogo de cosas insanas. En concreto una rebanada de pan, un bollo, un sobrecito de nutella, mantequilla, un envase con una especie de sobrasada y un trozo de bacon. Como alternativa se les ofrecía un sandwich típico danés (es decir, una salsa con elevado contenido en calorías, curry y una sustancia irreconocible de origen animal). En un momento de la tarde a A1 también le ofrecieron un helado (tipo polo). En honor de la verdad también había yogures y fruta pero, ¿quién se los come habiendo nutella y polos?

En cuanto a la valoración de la enfermedad, es curioso como 39 de fiebre es un hecho irrelevante para ellos. Por supuesto, no merecedor de tratamiento alguno que pueda interferir en esa respuesta natural y sana de nuestro cuerpo. Sin embargo, como contraste a ese naturalismo militante anti-paracetamol, una bronquitis leve en un niño de 2 años y medio ha de tratarse con una sobredosis increíble de ventolín.

A1 está ahora mismo bastante recuperado, sinceramente preocupado, una vez más, por el devenir de la vida de Pocoyó y Caillou. Viviendo con perplejidad que la mezcla de acuarela azul y amarilla de lugar a un potingue verde. Haciendo sus pinitos en la arquitectura de la mano de Lego.

Nuestra visita al hospital era algo que tenía que llegar, así son los niños, pero nos ha permitido darnos cuenta de que aunque las diferencias culturales y el danés nos hagan las cosas difíciles, no son imposibles, más bien sencillas cuando has tenido la suerte de caer en el trocito del Mundo donde las cosas son siempre fáciles.

Hasta la próxima entrada.

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3 Respuestas a “Hvidovre Hospital

  1. Hola, somos una pareja de madrileńos que seguimos tu blog con auténtica emoción/devoción desde hace 2 meses, justo el tiempo que hace que mi marido inició conversaciones con una empresa danesa para ir a trabajar a Copenague. Tenemos también una A1, de 5 ańos. Andamos superados por el momento de tomar la decisión, este fin de semana hemos estado en Copenague viendo coles y posibles lugares donde vivir, entre otros Islands Brygge. El blog nos ha servido de mucha ayuda pero nos encantaría, si no te parece descabellado, hablar contigo por email y preguntarte algunas dudas que tenemos y que no somos capaces de resolver desde aquí (ni tampoco desde allí). Si te parece bien ponerte en contacto con nosotros te lo agradecería un montón. Muchas gracias.

  2. Pingback: Cuatro tonterías sobre la sanidad en Dinamarca | Aventura en Copenhague·

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